Don Javier Velásquez en palabras de amigos

Con palabras muy personales donde se resalta la vida de Don Javier Velásquez, el medio campista e ídolo del DIM Mauricio Molina y el comentarista deportivo Wbeimar Muñoz despidieron al dirigente del poderoso.

Javier Velásquez presidio al equipo rojo en la década del dos mil y fue artífice de sus triunfos en esos campeonatos, tras más de 45 años sin obtener títulos.

Estas son las palabras de Molina y Muñoz sobre Javier Velásquez:

maomolina11 Hoy quiero hacer un homenaje muy sentido para una persona que fue muy especial en mi vida. Sé que no me podrás leer pero me queda la tranquilidad de habértelo dicho en vida. Gracias Don Javier por haber creído en mí cuando era un niño de 15 años y me llevaste al Envigado, gracias Don Javier porque cuando estaba convaleciente en una clínica vos apostaste por mí y me llevaste al DIM en aquel recordado 2002, gracias Don Javier por haberme acompañado durante todos estos años de carrera, gracias Don Javier por qué fuiste una persona determinante en mi vida. Gracias MI VIEJO QUERIDO.

Mucha fuerza para todos sus familiares y sobre todo mucha paz en su tumba. #graciasdonjavier

 

DON JAVIER VELÁSQUEZ.   IN MEMORIAM.

Por: Wbeimar Muñoz Ceballos.

Cuando  llega  la  noche  y  antes  del  reposo  miramos  hacia  atrás  los  caminos  que  hemos  recorrido  en  la  mañana  de  la vida,  la  luz  decreciente  del  sol  que  se  pone,   presenta  un  paisaje  pintoresco  que  nos  invita  a  galopar  en  los recuerdos.    El  cuadro  está  pincelado  con  las  figuras  de  nuestros  familiares  y  amigos.

Cuesta  entonces  creer,  que  Javier  Velásquez  ya   no  está  en  el  lienzo  transpirando  bonhomía  por  cada  poro  y  hablando  con  su  voz  pausada … y  que  sus  expresiones  paternales  dieron  un  paso  al  costado  porque   Dios  lo  reclamó  para  llevarlo  al eterno  estado  de  la  felicidad.   No podría estar en sitio distinto al paraíso.

Fuimos  sus  vecinos  de  barrio, recién  llegados  a  Medellín,  cuando  se  desempeñaba  como  gerente  de  la  empresa  Colibrí   y  su  carrera  de  dirigente  deportivo  estaba  en  ciernes.   Nació  desde  entonces  una  relación  cada  vez  más  cercana,  que  ni  la  muerte  puede  acabar,  porque  nuestros  corazones  seguirán  unidos  por  el  afecto,  en  el  tiempo  y  la  distancia.  Siempre  buscaba  el  lado  amable  de  las  cosas  y  pedirle  consejo  se  hizo  costumbre.   Debemos siempre   consultar, con los hombres sabios y de buena conciencia.

Llegaron  los  tiempos  como  presidente  de  Envigado  primero  y  del  D.I.M  después.  Bajo  su  mando  el  poderoso  obtuvo  dos  títulos, después  de  una  sequía  de  cuarenta  y  cinco  años,  razón  más  que  válida  para  que  nuestro  amigo,  tenga  páginas  resaltantes  en  el  historial  del  club.

En  el  2004  se  jugó  la  final  contra  Nacional  y  el  médico  le  prohibió  ir  al  estadio   por  sus  problemas  cardíacos.  Le respondió palabra más, palabra menos: “Vea doctor.   A  Mariano  Ospina  Pérez,  le  recomendaron  huir  del  país  en  la  crisis  política de  los  años  cuarenta  y  fue   entonces  cuando  dijo  que  él  prefería  un  presidente  muerto  a  un  gobernante  fugitivo.  Yo  soy  del  mismo  talante  y  me  voy  para   el  estadio, así  me dé  un  infarto”.   Su sonrisa y sus aplausos, también dieron la vuelta olímpica.

El  corazón  de  don  Javier se  hizo  frágil,  por  los  golpes  reiterados  del  destino.   Por  una  parte  su  reclusión  en  Yarumito,  al  firmar  documentos  de  transferencia  de  jugadores,  a  solicitud  de  los  accionistas  del  DIM,  se  convirtió  en escarnio  y  dolor.   Después  el  asesinato  de  su  hijo  Octavio,  médico  de  profesión,  a  quien  le  robaron  los  sueños  en  plena  juventud,  acabó  de romper  la   fortaleza  de  yunque , que  le  había  caracterizado.  Las penas deterioraron poco a poco la salud.

Empezamos  esta  nota,  a  nuestro  regreso  de la Capilla  de  la  Niña  María,  donde  María  Elena, Nacho, Adriana,  Lucy , Alejandro  y  los  nueve  nietos, recibieron  el  cofre  con  las  cenizas  de  un  hombre   que   siempre  fue  fiel   a  la  sentencia  de  Martí  :   “velar  la  vida se  debe  de  tal  forma,  que  aún  viva  quede  tras  la  muerte”.

Ya  no  veremos  al   viejo  querido,  porque  ha  cambiado  de  misión  y  residencia.    Pero  desde  el  cielo  y  las  estrellas,   ese  ser  que  repartió  amor  por  doquier,  seguirá   abrazado  a  nosotros.

No les parece?

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