El Papa Francisco reconoció valor de Uribe

El reconocimiento que el Papa Francisco le dio al expresidente Álvaro Uribe, al llamarlo para que se reuniera con el Sumo pontífice y luego con Juan Manuel Santos, no le gustó nada al mandatario de los colombianos, quien quería cerrar su viaje por Europa tratando de subir su imagen de estadista.

En el viejo continente Juan Manuel Santos es recordado y criticado por perder el 2 de octubre el plebiscito que ratificaría los acuerdos firmados entre la guerrilla de las Farc y el Gobierno nacional.

Por eso, el llamado a Álvaro Uribe a una audiencia privada con el Papa Francisco le dio el reconocimiento al expresidente colombiano como vocero de la oposición, hizo visible que en Colombia hay una oposición clara al proceso de paz y dejó la sensación de impotencia de Santos para manejar el país.

En la charla entre el Papa Francisco y Álvaro Uribe sólo se permitió la presencia de Cesar Mauricio Velásquez, exembajador ante la Santa Sede. El Pontífice quería saber qué pasaba en el país, por qué se ganó el plebiscito por la oposición y qué partes de los acuerdos son los que exactamente generan inquietud para seis millones y medio de colombianos que dijeron NO el 2 de octubre.

Esa presencia de Álvaro Uribe significó que los estadistas y líderes europeos no le creen al cien por ciento a la diplomacia Colombia y que entienden que la polarización actual del país se dio por los cuestionamientos a puntos esenciales del acuerdo de paz.

Tras Uribe exponer las inquietudes por el regreso de los niños que hoy están en las filas de las Farc, muchos contra su voluntad y “entregados” por su padres en lo que la guerrilla llama la cuota revolucionaria, la sanción penal para grandes violadores de derechos humanos, la definición de las zonas de agrupamiento donde estará la guerrilla y el estatus del narcotráfico como delito político, el Papa Francisco invitó a la reunión entre el mandatario de los colombianos y el expresidente y hoy Senador de la república, en la cual se repitieron los argumentos de uno y otro lado.
Esa invitación a Álvaro Uribe a la Santa sede abrió un boquete en la credibilidad al Gobierno de Colombia, que será muy difícil de tapar con un presidente que corre contra el tiempo y la enfermedad.

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