Gardeazábal y monseñor Isaías Duarte Cancino

Un mártir de la violencia en Colombia es Monseñor Isaías Duarte Cancino. El prelado que enfrentó a guerrillas y paras de Urabá y que luego fue trasladado a Cali

Y hasta esa ciudad persiguió la muerte a Isaías Duarte Cancino, lo que no pudo lograr en la región bananera antioqueña, cuando allí se vivía el desangre más grande del país.

Ahora, Gardeazábal en el Jodario pide canonizar a Monseñor Isaías Duarte Cancino y se lamenta porque en la reciente visita del Papa no se tuvo en cuanta al prelado.

También habla del silencio alrededor de sor Gloria Narváez, la monja colombiana secuestrada en Malí.

Este es El Jodario, para Ruta Noticias:

Isaías:

“Durante la visita del papa Francisco proclamaron como beatos, en Villavicencio, a dos miembros de la iglesia sacrificados en medio del fragor de la eterna guerra que vivimos los colombianos. Monseñor Jaramillo, el obispo de Arauca muerto a manos del ELN en las batallas sin nombre que se libraban en Arauca en la década de los 80 y el padre Ramírez, el conflictivo cura de Armero, muerto a machetazos el día siguiente al 9 de abril, cuando el asesinato de Gaitán. Ambos recibieron ese visto bueno que el Vaticano concede a los mártires.

Pero faltó uno que tenía tanto derecho como los otros dos. Faltó Isaías Duarte Cancino, arzobispo de Cali, quien fue asesinado en el atrio de la iglesia de uno de los barrios del Distrito de Aguablanca y, como lo comprobaron después policía y autoridades judiciales, cayó bajo las balas de un comando que seguía órdenes o militaba en las filas de las Farc.

Si el actual arzobispo de Cali no anduviera metido en tantos líos por la pederastia, dizque no responsable de sus curas, ni hubiese tenido que quedarse callado con los estudios que han hecho otros sacerdotes graduados en economía y negocios sobre la manera, por lo menos absurda, conque han manejado los bienes de la arquidiócesis, tal vez hubiese podido aportar los elementos que el Vaticano y sus congregaciones piden para elevar a la categoría de beatos a los mártires.

El que no fuese ungido monseñor Isaías comprueba esa sospecha. Pero, también, nos genera otra que debería dilucidarse: ¿no querían tocar a los muertos por las Farc?

Y Sor Gloria Narváez ?

Ni al papa Francisco ni al cardenal ni a los obispos que hablaron durante la peregrinación que presenciamos los colombianos la semana pasada, les oímos mencionar a la monja secuestrada en Malí, la franciscana Sor Gloria Narváez, de quien no se ha vuelto a saber nada. Ni siquiera el arzobispo de Cartagena, monseñor Jiménez, caracterizadamente hablador y dicharachero, la mencionó o elevó una oración por su rescate.

Hace unos meses, cuando la noticia de su secuestro en esas tierras lejanas de Malí se mencionaba en los medios, protesté en esta columna y en el programa que diariamente mantengo con Hernán Peláez, porque la Conferencia Episcopal reunida en Bogotá no había hecho ninguna manifestación en favor de la religiosa franciscana de María Inmaculada, oriunda de Pasto, y quien ejerciendo el rol de misionera católica debía ser amparada por la máxima congregación de obispos de Colombia. Una semana después, y a petición del arzobispo de Pamplona se obtuvo una mención a través del tuiter.

Pero de allí no pasaron a más. No sabemos si en el secretismo del Nuncio Balestrero ( a quien el papa Francisco pone evidentemente muy pocas bolas) o en la rigidez facial y emocional del cardenal Salazar ocultan alguna gestión ante el gobierno de Macron, quien es el patrón de todo esos países francófonos de África. Menos que sabemos si el presidente Santos le recordó la monja secuestrada al papa en los cortísimos espacios que tanta batahola les dejó para conversar en privado. Lo cierto es que Sor Gloria Narváez es una monja olvidada.

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