Historias del terremoto de México

El portal web el Habitante contó dos historias del terremoto de México que dibujan los momentos críticos que vivieron sus habitantes.

Ruta Noticias comparte estas vivencias del terremoto de México que narran los momentos de zozobra que se vivieron en el sismo de 7,1 grados.

Hasta el momento el terremoto de México deja una cifra oficial de 230 muertos y cientos de desaparecidos, entre ellos 30 niños del Colegio Enrique Rébsamen, en la capital del país.

Esta es la primera historia de El Habitante sobre el terremoto de México:

“Estaba en el cuarto piso de aulas uno del Tec de Monterrey Campus Ciudad de México, en una clase de matemáticas.

Éramos como unos 30 alumnos.

Oí que alguien dijo ¡está temblando! Hubo un pequeño momento de silencio cuando la profesora dijo: Párense y pónganse a salvo en muros y muebles.

Fui uno de las primeras que me paré, pero todo se movía así que decidimos pegarnos a los muros. Hubo otros que corrieron debajo de las mesas.

Había mucha gente gritando, ente alumnos y profesores, también llorando porque todos estaban muy asustados. En un momento dejó de moverse el edificio, pero seguía balanceándose. Había un silencio muy tenso en todos.

Estábamos esperando en que no fuera más fuerte, que cesara de bambolearse, pero sabíamos que en cualquier momento podía colapsarse el lugar donde estábamos. Comencé a ver que había partes del techo agrietadas.

Cuando todo se calmó, salimos y observé que había polvo y escombros, pedazos de las paredes en el suelo por todos lados, escombros enteros de cemento.

Sentía que debía mantenerme en calma y quería que nadie se quedara atrás cuando comenzamos a dejar el lugar. Pensé en el miedo que me produjo saber que todos esos pedazos de edificio pudieron haberme caído encima. Bajamos todos en grupo y nos mandaron a la explanada más grande y segura para el alumnado.

Había rumores de que había una fuga de gas, podías oír a gente que solicitaba agua para los heridos. Varios preguntaban si estaban lesionados. Luego llamaron a los alumnos del último año de medicina para ayudarlos. Nos dijeron que no prendiéramos cigarros. Otros comenzaron a hacer una lista con el fin de informar a nuestros familiares que estábamos bien.

Había desesperación porque muchos no podíamos comunicarnos con nuestros familiares. Estuve como dos horas y media en ese lugar.

Mi mamá me dijo que acudió a preguntar en la zona de heridos y que no me había encontrado allí. Cuando la vi me alivió saber que estaba bien porque no había podido llamarle. Cuando escuché la voz de mi hermano en ese momento me vino la calma”.

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